Un punto, dos palos y miedo a ganar

El cementerio está lleno de valientes. Parece que fue la máxima impuesta por los dos entrenadores al inicio del partido, prefiriendo taparse por la manta en la parcela defensiva más que la ofensiva.

Costó mascar el partido. Parecía un choque de final de liga entre dos equipos que firmaban el empate. Ni siquiera la vuelta de Stuani al once provocó un atisbo de reacción en un choque en el que faltó imaginación.

Ni siquiera el paso de los minutos, con el consiguiente cansancio y huecos en las defensas rivales, fue suficiente para subir un número en el marcador. Estuvo cerca el Leganés. Por segundos así lo hizo, hasta que el linier levantó la bandera para pitar un fuera de juego de Carrillo que se confirmó con el VAR.

El Girona quería seguir con la buena racha y conseguir la tercera victoria consecutiva. Para ello introdujo Eusebio al ‘Choco’ Lozano, para dotar de más mordiente a un ataque desaparecido hasta el momento.

Stuani comenzó a aparecer y eso lo agradecieron los asistentes a Montilivi. Quería volver por la puerta grande el delantero uruguayo. Primero con un cabezazo que se marchó desviado y después con un tanto que se anuló por falta a Omeruo.

Pocos imaginaban que el despertar del Leganés llegaría con la entrada de un defensa. Nyom sustituyó a Ojeda y fue un puñal por la banda diestra. Por ahí nacieron las mejores ocasiones del partido.

La intriga llegó en los últimos diez minutos del choque. Silva remató a la madera un centro de Nyom y Lozano lo respondió con otro balón a la carrera, en un disparo con efecto. Ahí se notó que Stuani tiene que volver a coger el instinto asesino tras fallar el rechace.

En esos diez minutos dio tiempo también a que se lesionasen Pedro Porro y Cuéllar, a que debutase Lunin en la Liga Santander y a que Bono salvase, en dos ocasiones, al Girona sobre la línea a remates de Carrillo y Santos. Finalmente, empate a cero que deja un pequeño sinsabor a un Leganés que mereció más en los últimos minutos.