"Dios es bueno con todos, incluso con los malos"

Santos o pecadores, “somos todos hermanos amados por el mismo Padre”. Un Padre que “hace surgir su sol sobre los buenos y sobre los malos” y que “es siempre bueno con todos, al contrario de nosotros que logramos ser buenos solamente con algunos, algunos que me gustan”. El Papa Francisco prosigue su ciclo de catequesis sobre la oración del Padre Nuestro durante la Audiencia general en el Aula Pablo VI y reflexiona en particular, sobre un aspecto difícil (incluso para quienes tienen fe) para la lógica humana: el amor de Dios hacia el hombre, hacia cualquier tipo de hombre. Un amor que no es “solo sentimental, sino compasivo y concreto”. Y que se dirige a todos, incluso a los que no buscan a Dios o que pueden ser clasificados como “malos”.
“Hay hombres que aparentemente no buscan a Dios, pero Jesús nos hace rezar también por ellos, porque Dios busca a estas personas más” que a las demás, subraya Bergoglio en su catequesis, al final de la cual dirige un saludo especial a los periodistas de la agencia italiana Askanews, que está viviendo un periodo de crisis. “Jesús no ha venido por los sanos, sino por los enfermos y los pecadores, es decir por todos, porque quien crea ser sano, en realidad no lo es. Si trabajamos por la justicia, no nos sintamos mejores que los demás: el Padre hace surgir su sol sobre los buenos y sobre los malos. Ama a todos el Padre”. Y,al final de la vida, será precisamente el amor la medida que utilizará para juzgarnos.
Francisco después explica cómo “aprender a rezar cada vez mejor como Jesús nos ha enseñado”. “La verdadera oración es la que se lleva a cabo en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios”. Cristo mismo lo ha dicho: “Cuando reces, entra en el silencio de tu habitación, retírate del mundo y dirígete a Dios llamándolo “¡Padre!””. No es necesaria la hipocresía farisea de la gente que reza de pie en las plazas para ser admirada por los demás. La oración de Dios “huye de la falsedad: con Dios es imposible fingir. En su raíz hay un diálogo silencioso, como cuando se cruzan las miradas de dos personas que se aman: el hombre y Dios”, afirma el Pontífice.
Pero, precisa, aunque esta oración sea “confidencial”, nunca cae en el “intimismo”, en el sentido de que “el cristiano no deja al mundo fuera del alcance de su habitación, sino que lleva en el corazón a las personas y las situaciones”. Lo hace evidente el mismo texto del Padre Nuestro, en el que, efectivamente, no aparece nunca la palabra “yo” (una palabra que hoy “todos tienen en gran consideración”); Jesús “enseña a rezar teniendo en los labios principalmente el “Tú”, porque la oración cristiana es diálogo”. Y del “Tú” se pasa al “nosotros”: toda la segunda parte del Padre Nuestro se desarrolla con la primera persona del plural y “las peticiones más elementales del hombre (como tener comida para apagar el hambre), están todas en plural”. “En la oración cristiana nadie pide el pan para sí: lo suplica para todos los pobres del mundo”, explica Francisco.
“No hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios. No hay ostentación de los propios problemas, como si fuéramos los únicos que sufren en el mundo. No hay oración elevada a Dios que no sea la oración de una comunidad de hermanos y hermanas”, añade. Al rezar, “un cristiano lleva todas las dificultades de las personas que viven a su lado: cuando cae la tarde, cuenta a Dios los dolores que ha encontrado en ese día; pone ante Él tantos rostros, amigos y también hostiles; no los expulsa como distracciones peligrosas”.
Y, “si uno no se da cuenta de que alrededor de sí hay tanta gente que sufre, si no siente piedad por las lágrimas de los pobres, si se ha acostumbrado a todo, entonces significa que su corazón es de piedra”, advierte el Papa. En este caso, “es bueno suplicar al Señor que nos toque con su Espíritu y enternezca nuestro corazón”.
También es bueno preguntarse: “Cuando rezo, ¿me abro al grito de tantas personas vecinas y alejadas? ¿O pienso en la oración como en una especie de anestesia, para poder estar más tranquilo?”. Si así fuere, dice el Papa, “sería víctima de un terrible equívoco. Claro, la mía ya no sería una oración cristiana. Porque ese “nosotros”, que Jesús nos ha enseñado, me impide estar en paz solo, y hace que me sienta responsable de mis hermanos y hermanas”.
Al final de la catequesis, Francisco dirige un saludo a los que participaron en el curso para responsables de la formación permanente del Clero en América Latina, organizado por la Congregación para el Clero y por las Hermanas Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús. Después se dirige a los periodistas de la agencia Askanews, que estaban presentes en el Aula Pablo VI, losmismos que “están atravesando un momento de dificultad” debido a una negociación entre el Ministerio del Trabajo y la cúpula empresarial de ese grupo que pone en riesgo el futuro de la misma agencia de prensa, reconocida y apreciada por su seriedad y profesionalidad.
El Papa, para concluir, recuerda que mañana se celebra la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los pueblos eslavos y co-patronos de Europa. “Que su ejemplo nos ayude a todos nosotros a convertirnos en todos los ambientes de la vida, en discípulos y misioneros, por la conversión de los alejados, así como de los más vecinos”. Francisco imparte su bendición con la estola que le entregó ayer el grupo de salesianos de Valdocco, realizada por algunas mujeres indígenas wichí, de Paraguay, pueblo de “gran cultura” que en los últimos cien años ha presenciado la invasión y la deforestación constante de las propias tierras.

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